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ORGULLO. "Me parece más que
conveniente para un elenco
tener a una actriz que trabajó con alguien tan
importante."
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¿Cómo fue la experiencia de filmar en México con Arturo Ripstein?
Bastante fuerte. Estaba deseando llegar allá y que él me diera
instrucciones. Además, quería mirar ese mundo que había creado para
la película.
¿Te trató bien?
Tiene fama de ser un tipo bravo. En México me enteré de que hay
actores que no quieren filmar con él porque es muy rígido. A mí me
pareció una persona más bien seca, pero la pasé muy bien, me trató
maravillosamente. Eso sí: en el set nadie toma ni media decisión sin
su aprobación.
¿Cuál es tu personaje en El evangelio de las maravillas?
Es una prostituta argentina que llega a México con la obsesión de
viajar a Disneylandia. Pero un cliente se mata delante de ella y
entonces comienza a huir. Se encuentra con una nena que la lleva a un
lugar que se supone se convertirá en la nueva Jerusalén. Regenteado
por Paco Rabal y Katy Jurado, es una especie de purgatorio donde se
decantan las miserias humanas.
¿Por qué te eligió Ripstein?
Yo lo conocí en el Festival de Cine de Mar del Plata, en 1996. Por esos
días se firmó un acuerdo entre la Argentina y México para hacer una
coproducción. Obviamente, había un negocio y él necesitaba que la
Argentina pusiera su parte. Como el contacto lo había hecho conmigo, me
mandó el libro. Pero de todas formas tuve que enviar videos, fotos y un
montón de cosas para que me eligieran.
¿Por qué tenías tantas expectativas de trabajar con él?
Creo que es uno de los mejores directores del mundo. Conocí su obra
estudiando una materia de la facultad (en la carrera Historia del Arte).
Antes no tenía ni idea de quién era. Pero la primera película suya
que vi (El lugar sin límites) me mató. Paradójicamente, en ese
momento no pensé que quería trabajar en una película suya. Lo único
que pensé fue que quería ser su asistente y estar con él detrás de
cámaras.
El viaje, además, te vino al pelo después de la pelea entre tu novio y
Leonardo Bechini, el autor de El signo.
Sí. Me vino bien para despejarme.
¿Te fuiste mal por el escándalo?
No me fui muy tranquila. Había sido una situación bastante
desagradable y lo mejor que me podía pasar en la vida era tomarme un
avión, desaparecer un tiempo y después volver y pensar: Me desperté
de la pesadilla.
¿Pensaste que ibas a dejar una imagen de actriz problemática y que no
te iban a llamar más para trabajar?
No, para nada. Fue un conflicto en un lugar determinado, no puedo
generalizar. Yo soy muy profesional, se me dio la posibilidad de filmar
con Ripstein y me parece más que conveniente para un elenco tener en
este momento a una actriz que trabajó con alguien tan importante.
Aparte llegué y enseguida me ofrecieron hacer otra película.
¿Ya aceptaste?
Mi representante tiene que negociar la plata y el cartel. Pero me gustó
el libro y lo más probable es que la haga. Se llama Traqueotomía,
dirige Quique Aguilar y actúan Betiana Blum y Miguel Angel Solá.
¿Después de haber filmado en el exterior, estás más exigente para
elegir los trabajos?
No puedo subir todo a ese nivel porque no conseguiría nada. Me
quedaría adentro de mi casa y nunca más volvería a trabajar. Cumplí
un sueño en México. Me sentí la Cenicienta, la más linda del barrio.
Pero terminó y la vida sigue.
¿Seguís pensando en casarte con Mario?
Queremos casarnos en febrero. Pero todavía estoy averiguando fechas.
Ahora tenemos que mudarnos porque Agustina, una de las hijas de Mario
(en total tiene tres), se viene a vivir con nosotros y necesitamos más
espacio.
¿Por qué decidieron casarse?
Yo tenía ganas y él estuvo de acuerdo. A veces una se quiere casar y
el otro, no. En este caso, coincidimos. Y eso, te lo aseguro, no es poca
cosa.
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